Bitácora Violeta

Cómo transmutar energía negativa en positiva durante el teletrabajo

Doce mensajes se acumularon en el grupo de teletrabajadoras del barrio antes de que yo contestara uno solo. Fue justo ahí donde Emilia Yépez, que sigue el hilo desde que preguntó por el cuaderno violeta que aparece siempre detrás de mí en las videollamadas, lanzó la pregunta que nadie me había hecho con esas palabras exactas: ¿por qué yo hablaba de transmutación energética cuando ella llevaba meses hablando de limpieza de aura, como si fueran la misma cosa? No lo son. Y casi nadie las pone una junto a la otra para decidir cuál conviene según el día de teletrabajo que se tenga enfrente.

Llevo tiempo tratando de responder eso, no como quien defiende un bando, sino como quien prueba las dos rutas y anota lo que realmente cambia en el cuerpo. La transmutación energética y la limpieza de aura resuelven cosas distintas dentro del teletrabajo consciente, y confundirlas es la razón por la que tanta gente prueba un péndulo hebreo un martes cualquiera, lo abandona el miércoles siguiente y concluye que "esto no funciona para mí".

Significado de la transmutación energética en el teletrabajo consciente

Transmutar no es sacar nada del cuarto; es cambiarle la forma a lo que ya está ahí. La rabia que deja un cliente que escribe de mala manera, el nudo en el estómago después de una reunión que se fue de tono, la pesadez que se acumula entre un Zoom y el siguiente: nada de eso desaparece porque yo decida ignorarlo. Lo que hace la transmutación es tomar esa carga y ponerla a trabajar en otra dirección, casi como se hace con un combustible crudo que necesita pasar por un filtro antes de servir para algo.

Antes de llegar a esto probé la técnica de respiración 4-7-8 durante los ataques de ansiedad, la misma que recomiendan tantas guías, y a veces el conteo mismo me apretaba más el pecho en lugar de soltarlo: contar mientras el pánico ya está encima se convierte en otra tarea que cumplir, no en un alivio. Fue después de eso que empecé a mirar la energía como materia prima en lugar de un enemigo al que hay que dominar con técnica.

Cuaderno violeta y laptop en una oficina en casa, diario espiritual para registrar la transmutación energética diaria

Hay una imagen que vuelvo a repasar seguido: dejé el péndulo quieto sobre la mesa, sin moverlo a propósito, y noté que la respiración se me había acomodado sola, sin ningún conteo de por medio. Ese fue el momento en que entendí que transmutar tenía menos que ver con la técnica exacta y más con soltar el control sobre cómo debía sentirse el alivio.

Mi cuaderno violeta funciona como el diario espiritual donde registro qué entró pesado y en qué se convirtió, sin necesidad de fecha ni de meta que cumplir. No es una lista de tareas ni un conteo de logros; es apenas el rastro de una transformación que casi nunca se ve mientras ocurre.

Limpieza de aura: sacar lo que ya no sirve del espacio de trabajo

La limpieza es la ruta más rápida cuando lo que sobra no tiene nada que enseñarme, solo estorba. Ahí entra el péndulo hebreo, que uso para barrer lo que quedó pegado en el escritorio después de una llamada difícil sin necesidad de sentarme a procesar nada; ahí entra también la limpieza emocional de asuntos que ya pasaron y que no necesito revivir cada vez que aparecen en la memoria. Cuando un cliente particularmente denso deja el ambiente cargado, protejo mi energía personal antes de que su urgencia se convierta en la mía, que es distinto a limpiar después de que el daño ya está hecho.

Persona con una taza de café mirando la neblina sobre las montañas de Quito durante una pausa de limpieza de aura

Hay días en que ni el péndulo alcanza y lo que hago es salir. Camino hasta la Librería Española en la Avenida Amazonas, dejo que el ruido de la calle y las hojas de los libros nuevos hagan el trabajo que ningún ritual de escritorio logra solo, y vuelvo con la cabeza distinta. Tengo una amiga que ensaya con su coro de jazz los jueves por la noche y jura que esa hora limpia su semana entera mejor que cualquier cosa que yo haga con un péndulo; no dudo que tenga razón, cada quien encuentra su propia versión de sacar lo que sobra.

Antes de cerrar la laptop reviso si quedó algo parecido a esas larvas energéticas que se instalan cuando uno no corta el ciclo del día a tiempo, y si las noto, ahí también recurro a la limpieza y no a la transmutación. El crujido del piso cuando el vecino de arriba empieza a moverse suele ser la señal de que ya es hora de hacer ese corte, antes de que el ruido se convierta en otra cosa que cargar.

Transmutar convierte la misma tensión en combustible, no en basura

La transmutación pide más tiempo y más disposición a quedarme con la incomodidad un rato. La uso cuando la emoción tiene forma de patrón, no de accidente aislado: la misma rabia que vuelve cada vez que cierto tipo de cliente escribe de cierta manera, por ejemplo. Ahí no sirve barrer, porque el patrón regresa la próxima semana con otro nombre y el mismo peso.

Humo de palo santo junto a un teléfono celular, ritual de limpieza de aura entre videollamadas de teletrabajo

Entre llamadas uso sesiones cortas de autohipnosis para bajar el pulso sin desconectarme del todo del trabajo, algo muy distinto a una meditación guiada completa, que reservo para las noches en que el pánico aprieta de verdad y necesito una voz que me lleve paso a paso.

Subir la frecuencia con la que arranco el día importa tanto como lo que hago a media tarde, y ya conté con detalle cómo subir la vibración energética escribiendo en mi cuaderno violeta en otra entrada de este espacio; aquí solo diré que sin eso, la transmutación de la tarde arranca en desventaja.

Manos escribiendo con pluma fuente en un cuaderno grueso, práctica de escritura dentro del teletrabajo consciente

Cuando ni eso alcanza, recurro a la escritura más honesta, la que no se detiene a corregir nada; llevo tiempo documentando cómo realizar una alquimia energética personal con escritura, poner la frustración en la página hasta que cambia de forma sin que yo la fuerce.

También reviso los ciclos personales que marca la numerología energética antes de decidir si conviene lanzar algo nuevo esa semana o simplemente sostener lo que ya está en marcha; no es una regla fija, es más una segunda opinión que le pido al calendario antes de moverme.

Cuándo limpiar y cuándo transmutar

La regla que uso es simple y tiene que ver con el tiempo real que tengo, no con cuál técnica suena más avanzada. Elijo limpiar cuando la siguiente llamada entra en pocos minutos y necesito borrón y cuenta nueva sin explicarme nada a mí misma: el péndulo, salir a caminar o cortar el ciclo antes de dormir cumplen ese trabajo rápido. Elijo transmutar cuando la emoción insiste en repetirse y tengo margen real para sentarme con ella un rato completo, porque intentar transmutar de carrera solo entierra el patrón sin resolverlo, y eso termina pesando más que no haber hecho nada.

Le respondí algo parecido a Emilia en el grupo, aunque me tomó los doce mensajes encontrar la forma corta de decirlo. Ningún camino de estos reemplaza a un profesional de salud mental cuando lo que aparece es persistente, y esa distinción me importa más que cualquier técnica; lo demás, limpiar o transmutar, es simplemente decidir qué hacer con la energía que quedó dando vueltas por la casa antes de apagar la laptop.

Computadora cerrada junto a una planta pequeña al atardecer, cierre del ciclo de transmutación energética
Nota: Todo lo que comparto aquí proviene de mi propia experiencia e investigación personal. Nada de esto debe tomarse como consejo médico, financiero o legal. Habla con un profesional cualificado antes de actuar basándote en lo que lees aquí.

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