Bitácora Violeta

Cómo recuperar energía vital agotada por el exceso de teletrabajo

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Hay una versión de mí que contesta treinta mensajes de Slack sin levantar la cabeza, y hay otra que esa misma noche no logra escribir ni una línea en el cuaderno violeta. Entre esas dos hay un hueco, y ahí es exactamente donde se va la energía vital cuando el teletrabajo se come el día completo. Llevo meses anotando ese hueco en el cuaderno violeta, tratando de entender qué lo llena y qué lo vacía, y esto se parece más al bienestar real en el teletrabajo que cualquier consejo genérico de manual de recursos humanos.

Aclaro algo antes de seguir, ñaño: no soy médica, ni psicóloga, ni gurú de nada. Soy asistente virtual, trabajo remoto para negocios pequeños, y después de que el encierro de 2020 me dejara con ataques de pánico tuve que buscar algo más que terapia convencional. Lo de aquí es proceso personal, no receta. Aviso también que este texto trae enlaces de afiliación a programas de Hotmart: quien compre algo a través de ellos me deja una comisión pequeña, sin costo adicional, y solo recomiendo lo que de verdad pasó por mi cuaderno violeta. Si algo de esto resuena pero la crisis es fuerte, lo más sensato es hablar con un médico o un terapeuta — esto complementa, no reemplaza.

El vacío antes del cuaderno violeta

Antes de este proceso mis días eran horas y horas frente a la pantalla, agendas ajenas, mensajes de Slack, y una energía que se me escapaba por los dedos sin que lo notara hasta la noche. El olor a café recién colado en la cocina era lo único que marcaba que el día había empezado; después de eso, todo se volvía pantalla.

Probé primero con infusiones de pasiflora y lavanda antes de dormir. Ni siquiera funcionaron del todo: ayudaban a dormir los primeros quince minutos y después el pecho volvía a apretarse igual, como si la infusión no llegara a donde de verdad dolía. Nada estaba resolviendo el fondo del asunto.

Mano cansada sobre el teclado, señal de energía vital agotada tras horas de teletrabajo bajo lluvia en Quito

Las pausas activas no funcionaban para mí

En el teletrabajo siempre recomiendan pausas activas: levantarse, estirar, caminar un poco. Las hacía, y salía peor que antes, como si mi atención quedara repartida en pedacitos por toda la casa. Antes de esto había probado meditaciones guiadas genéricas para los ataques de pánico, de esas con voz suave que habla de nubes, y tampoco resolvían nada de fondo. Empecé a anotar en el cuaderno dónde se sentían los bloqueos —el pecho, la mandíbula— sin necesidad de teoría, solo el dato.

Fue ahí cuando algo cambió de enfoque: en vez de más movimiento, necesitaba quietud real, dejar que el campo se reacomodara solo. Necesitaba entender cómo saber si tengo la vibración baja trabajando desde casa antes de que el cuerpo colapsara del todo.

Encontré un método de alquimia personal que no vendía milagros

Hacia el tercer mes empecé a subir algunas tardes hasta El Panecillo, no a hacer ejercicio ni a tomar fotos, solo a sentarme un rato lejos de la pantalla y dejar que el aire frío de la ciudad hiciera lo suyo. Un domingo se lo conté por nota de voz a Florencia, una amiga que conocí hace años en un grupo de meditación en línea; ella nunca deja de sorprenderme con lo que anota en su libretita de farmacia. Esa vez me respondió con dos líneas que sonaban más a poema que a consejo, qué bestia, y aun así me sirvieron más que cualquier meditación guiada.

En esas semanas dejé de buscar algo espiritual-abstracto y quise algo aplicable entre cliente y cliente, un trabajo diario de desbloqueo más que una promesa de felicidad eterna. Así llegué al programa Recupera Tu Fuerza Y Energía Interior, que me convenció menos por la propuesta y más porque tenía una valoración de 4.7 con cerca de veinte reseñas de gente que contaba el mismo cansancio que yo.

Humo de palo santo junto al cuaderno violeta, parte de una rutina de alquimia personal para cerrar el teletrabajo

La quietud funciona donde el movimiento fallaba

Durante varias semanas mi práctica fue sentarme en silencio total, sin música ni guía, dejando que el cuerpo recuperara su peso. El teletrabajo deja esa sensación rara de flotar un poco por encima de la silla, sin estar del todo presente. Al principio la mente se iba directo a los correos pendientes. Lo que me anclaba era abrir el cuaderno violeta en la página del día y sentir esa pasta gruesa bajo los dedos antes de escribir una sola palabra.

Algunas noches cambié la escritura por un audio corto de autohipnosis, casi como un atajo cuando ya no quedaban fuerzas ni para sostener el lápiz, y antes de dormir hice una costumbre de sacudir lo que llamo, sin ponerme muy técnica, la carga del día —esas larvas energéticas que se quedan pegadas después de horas de pantalla. Aprendí que cómo realizar una alquimia energética personal con escritura era la clave para procesar lo que quedaba sin resolver: si un cliente me dejaba con mal sabor de boca, lo escribía, y visualizaba esa energía volviendo a él y la mía volviendo a mí.

Dejé de cargar los cables invisibles de un cliente difícil

A mediados de julio noté un cambio real: ya no llegaba al viernes queriendo dormir un fin de semana entero. El cansancio no era solo físico, era una saturación de información. Trabajando de asistente virtual una termina cargando las ansiedades financieras de los dueños de negocio como si fueran propias. Sin protección energética contra energías negativas en el trabajo remoto una termina con mochilas que no le pertenecen. Después de una llamada particularmente tensa empecé a hacer una limpieza de aura breve antes de abrir el siguiente correo, nada elaborado, solo un corte consciente entre un cliente y el que sigue.

Empecé a tratar mi energía como un presupuesto diario. Si una reunión tensa se llevaba demasiado, sabía que debía compensar con más quietud por la tarde. También sumé algunas herramientas de protección energética que me ayudaron a poner un límite frente al ruido de una ciudad que no calla nunca, algo que comenté una tarde con Maite, una conocida del café del barrio que lleva un registro de sus sueños en el celular; ella insiste en que los bloqueos empiezan antes de dormir, y puede que tenga razón.

Notas manuscritas de energía vital en el cuaderno violeta, registro diario de bienestar en el teletrabajo

Lo que el cuaderno violeta registra

Este proceso arrancó con páginas matinales escritas apenas media dormida, con el bus de la mañana bajando ya por la calle, solo para vaciar la cabeza antes de abrir la laptop, y no esperaba que sirvieran de termómetro. Hace poco volví a las hojas de casi un mes atrás y la letra venía distinta —más suelta, corrida, sin una sola raya de tachón, como si la mano ya no dudara tanto como antes. Fue por la semana cuatro cuando ese cambio se notó por primera vez en el papel, no antes.

Recuperar la energía vital no es un evento único, es mantenimiento constante, como el polvo de los muebles: si una deja de limpiarlo, se acumula otra vez. El programa Recupera Tu Fuerza Y Energía Interior me dio una estructura para que esa limpieza no fuera una tarea más en la lista, y en el camino até algo de numerología energética para ordenar la semana, además de anotar en esas mismas páginas qué sube o qué baja la frecuencia del día. Lo que cuesta matricularse equivale más o menos a un almuerzo chévere del menú del día en La Floresta; la diferencia en cómo despierto cada mañana no se mide en esos términos.

Vista de las montañas de Quito desde la quietud, ritual de energía vital para cerrar la jornada de teletrabajo

Cuando ese zumbido se metía en los oídos y sentía que la vida se filtraba por la pantalla, lo único que ayudaba de verdad era el permiso de la quietud, no una técnica más. Uso también un péndulo hebreo, unos minutos, para despejar la energía de la casa antes de empezar, y de vez en cuando para soltar algo emocional que quedó pegado de antes, no para pedirle respuestas exactas, solo para marcar un corte. Cuando algo pesado no se transmuta, se acumula igual que el polvo; y leer mis propios ciclos en el cuaderno, mes a mes, terminó diciéndome más sobre el ritmo del cansancio que cualquier calendario de productividad.

El teletrabajo puede ser una herramienta para vivir mejor o una aspiradora que se lleva la luz sin que una lo note a tiempo —la diferencia la marca qué tan seguido hay una pausa para revisar cuál de las dos versiones está ganando la semana. Cierro el cuaderno violeta con una sola certeza: la energía que no se registra en algún lado se pierde sin que una sepa por dónde se fue. Mientras bajo la tapa de la laptop me pregunto qué parte de mi energía de hoy fue mía de verdad y cuánta se la regalé a una videollamada. Ninguna respuesta todavía, pero ya sé dónde anotarla.

Nota: Todo lo que comparto aquí proviene de mi propia experiencia e investigación personal. Nada de esto debe tomarse como consejo médico, financiero o legal. Habla con un profesional cualificado antes de actuar basándote en lo que lees aquí.

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